WILLIAM EFRAÍN ABELLA HERRERA
wabella@unicauca.edu.co
Hace algunos años leí en alguna parte la historia del joven de provincia que va a la gran ciudad a realizar estudios universitarios, mas antes de emprender viaje su padre le entrega una Biblia diciéndole: “aquí encontrarás todo lo que necesitas”.
Pasó el semestre en la universidad y se acumularon las deudas de su manutención por eso llamaba de urgencia a su padre para que le enviara el dinero que requería, pero el anciano siempre le decía: “en la Biblia encontrarás todo lo que necesitas”.
La insistencia y maldiciones del joven fueron aumentando de tal manera que el papá le tocó viajar a la ciudad. Al entrar en la pieza donde se alojaba su hijo le pidió la Biblia que le había entregado. En un rincón la encontró llena de polvo, mas al abrirla en medio de sus páginas estaba un cheque con el dinero que requería y que su padre cuidadosamente había guardado en ella.
Hoy en día -como este joven- se encuentra gran parte de la cristiandad. Nos enfrentamos al mundo y sus vicisitudes sin conocer lo que indican las Sagradas Escrituras, no la leemos, menos la estudiamos. Como hoy 31 de octubre es el Día Mundial de la Biblia permítanme mi amable lector hacer en esta columna un acercamiento al cómo estudiar las Sagradas Escrituras.
Lo primero que necesitamos es la dirección del Espíritu Santo: Ore a Dios pidiendo la guía del Espíritu Santo. (2 Pedro 1.20-21, Salmo 119.18). Lo segundo es una Biblia, si le es posible una edición de estudio.
A ello hay que sumarle disposición y motivación, esto es, condición y actitud sincera para estudiar diariamente la Biblia (Josué 1.8, Salmo 1:1-3) Al leer, ponga mucho cuidado en los signos de puntuación. Lea varias veces el texto que está estudiando. Evite los saltos de libros o capítulos que hacen perder el contexto en el cual fue dada la Palabra, y que de seguro le llevarán a una interpretación y aplicación equivocada.
Estudie la Palabra de Dios en forma ordenada y sistemática en un sitio tranquilo e iluminado. Se sugiere iniciar el estudio de la Biblia desde los Evangelios hasta la Epístola de Judas. De ahí ir a Génesis para emprender un gratificante viaje por el Antiguo Testamento, y solo al final, abordar Apocalipsis.
Durante su estudio de las Sagradas Escrituras tenga a mano una libreta y lapicero para resumir con sus palabras el pasaje bíblico estudiado; escriba los principios encontrados y resalte los versículos que más le llamaron la atención.
Al profundizar sobre lo que enseñan las Sagradas Escrituras se hace necesario pasar de la simple lectura al estudio de la Palabra de Dios, el cual nos permita comprender el texto bíblico y aplicarlo a nuestra vida diaria. La Palabra de Dios es como la comida, aunque sea un manjar debe degustarse despacio, en pequeñas porciones, masticarse muy bien, sacarle el jugo a los alimentos para que realmente nos nutran.
De todas maneras al estudiar el texto bíblico hay que tener claro: ¿Quién habla? ¿A quién(es) habla?, ¿Qué dijo?, ¿Cómo lo dijo?, ¿Dónde lo dijo?, ¿Por qué lo dijo?, ¿Para qué lo dijo?, ¿Cuándo lo dijo? Preguntas que debemos responder para identificar el contexto de los versículos estudiados.
Es claro que se estudia la Biblia para vivirla en todas las áreas de nuestra vida. El fin de todo discurso leído es comprender la Palabra de Dios para obedecerla (Eclesiastés 12:13-14). Un último consejo: No olvide dar gracias a Dios en oración por lo que le ha mostrado. Así mismo comparta con otras personas lo que aprendido.
wabella@unicauca.edu.co
Hace algunos años leí en alguna parte la historia del joven de provincia que va a la gran ciudad a realizar estudios universitarios, mas antes de emprender viaje su padre le entrega una Biblia diciéndole: “aquí encontrarás todo lo que necesitas”.
Pasó el semestre en la universidad y se acumularon las deudas de su manutención por eso llamaba de urgencia a su padre para que le enviara el dinero que requería, pero el anciano siempre le decía: “en la Biblia encontrarás todo lo que necesitas”.
La insistencia y maldiciones del joven fueron aumentando de tal manera que el papá le tocó viajar a la ciudad. Al entrar en la pieza donde se alojaba su hijo le pidió la Biblia que le había entregado. En un rincón la encontró llena de polvo, mas al abrirla en medio de sus páginas estaba un cheque con el dinero que requería y que su padre cuidadosamente había guardado en ella.
Hoy en día -como este joven- se encuentra gran parte de la cristiandad. Nos enfrentamos al mundo y sus vicisitudes sin conocer lo que indican las Sagradas Escrituras, no la leemos, menos la estudiamos. Como hoy 31 de octubre es el Día Mundial de la Biblia permítanme mi amable lector hacer en esta columna un acercamiento al cómo estudiar las Sagradas Escrituras.
Lo primero que necesitamos es la dirección del Espíritu Santo: Ore a Dios pidiendo la guía del Espíritu Santo. (2 Pedro 1.20-21, Salmo 119.18). Lo segundo es una Biblia, si le es posible una edición de estudio.
A ello hay que sumarle disposición y motivación, esto es, condición y actitud sincera para estudiar diariamente la Biblia (Josué 1.8, Salmo 1:1-3) Al leer, ponga mucho cuidado en los signos de puntuación. Lea varias veces el texto que está estudiando. Evite los saltos de libros o capítulos que hacen perder el contexto en el cual fue dada la Palabra, y que de seguro le llevarán a una interpretación y aplicación equivocada.
Estudie la Palabra de Dios en forma ordenada y sistemática en un sitio tranquilo e iluminado. Se sugiere iniciar el estudio de la Biblia desde los Evangelios hasta la Epístola de Judas. De ahí ir a Génesis para emprender un gratificante viaje por el Antiguo Testamento, y solo al final, abordar Apocalipsis.
Durante su estudio de las Sagradas Escrituras tenga a mano una libreta y lapicero para resumir con sus palabras el pasaje bíblico estudiado; escriba los principios encontrados y resalte los versículos que más le llamaron la atención.
Al profundizar sobre lo que enseñan las Sagradas Escrituras se hace necesario pasar de la simple lectura al estudio de la Palabra de Dios, el cual nos permita comprender el texto bíblico y aplicarlo a nuestra vida diaria. La Palabra de Dios es como la comida, aunque sea un manjar debe degustarse despacio, en pequeñas porciones, masticarse muy bien, sacarle el jugo a los alimentos para que realmente nos nutran.
De todas maneras al estudiar el texto bíblico hay que tener claro: ¿Quién habla? ¿A quién(es) habla?, ¿Qué dijo?, ¿Cómo lo dijo?, ¿Dónde lo dijo?, ¿Por qué lo dijo?, ¿Para qué lo dijo?, ¿Cuándo lo dijo? Preguntas que debemos responder para identificar el contexto de los versículos estudiados.
Es claro que se estudia la Biblia para vivirla en todas las áreas de nuestra vida. El fin de todo discurso leído es comprender la Palabra de Dios para obedecerla (Eclesiastés 12:13-14). Un último consejo: No olvide dar gracias a Dios en oración por lo que le ha mostrado. Así mismo comparta con otras personas lo que aprendido.

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