| Editorial: El abandono de una joya histórica y arquitectónica |
Cuando se transita por el puente nuevo que atraviesa el río Cauca en el norte de la ciudad, en inmediaciones de la otrora planta de lácteos, se puede observar a un lado la desvencijada estructura del llamado Puente Viejo, un lindo viaducto de arco construido con ladrillo y piedra a finales del siglo 17 y que ha soportado el paso del desarrollo de nuestra ciudad por más de cuatro siglos.
Este puente fue el único acceso de comunicación a nuestra urbe por muchísimo tiempo y solo en el siglo XX se construyeron otros puentes (el del ferrocarril y el de la Panamericana) que aminoraron su uso y le brindaron algo de respiro. Claro está que hasta mediados de la segunda década del siglo XXI, cuando se puso al servicio el moderno puente vecino, la estructura literalmente se jubiló para convertirse en un ornamento citadino que enorgulleciera a quienes residimos en esta capital.
Para ser más exactos y recurriendo a la historia, tenemos que decir que el puente fue construido en 1775 y se debe al español Francisco Basilio de Angulo y Gorbea quien emigro a Popayán y construyó esta estructura, la cual fue dirigida por el franciscano Fray Simón Schenher, quien dibujó los planos.
Recordamos toda clase de promesas en favor del colonial viaducto, declarado bien de Interés Cultural Nacional por el Ministerio de Cultura en el 2015: que iba convertirse en un bulevar peatonal, que pasaría a ser una activa ciclovía, que iba a ser refaccionado y embellecido, que lo iban a iluminar… en fin, por esos días se veía todo un futuro prometedor para el veterano de mil batallas que había soportado en su ‘lomo’ el desarrollo histórico de nuestra ciudad.
Sin embargo, a casi 4 años de haberse cerrado el puente para el paso de automotores, la estructura quedó en total abandono por lo que ha venido cayéndose a pedazos; y de todas las promesas hechas en su favor, ninguna se ha cumplido. Incluso, los residentes de los conjuntos habitacionales y barrios contiguos, temen que en cualquier momento este hermoso monumento histórico se venga al suelo.
Ante la penosa situación del histórico puente, ya es hora de pasar de las promesas politiqueras y populistas a las acciones reales y rápidas que eviten que la estructura colapse. De esta forma, estamos a tiempo de dejar a un lado los celos políticos de nuestros administradores y legisladores, a fin de unir voluntades con miras a superar la tramitología del Ministerio de Cultura y así generar proyectos reales que le brinden su recuperación y embellecimiento.
El objetivo tiene que ser uno: darle el valor que se merece esta joya arquitectónica y convertirla en un punto turístico que resalte y ennoblezca el valor y la riqueza de conocimiento de nuestros ancestros.
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